Marlene. Le gusta oler las mandarinas. Que llueva y verse reflejada en los charcos. Reír despiadadamente en el metro interrumpiendo en el rumbo del resto de los viajeros. Cantar toda la noche sin pensar en lo afónica que puede quedarse. Fabricar sueños de acero y sumergirse horas entre luces rojas digitalizando negativos. Pero esto no es una lista de las cosas que le gustan.
Marlene es una chica sencilla y algo maniática que acaba de trasladarse a un ático en Madrid. Desde pequeña ha desempeñado diversas señales de autismo, pero el trabajo de sus padres puso una venda en ese asunto hace ya muchos años.
Su destello se plasma dentro de una burbuja irrompible, dónde se encuentra ella y dos “hadas” la primera, que se hace llamar Ausum, es una palabra provinente de latín que quiere decir maldad, solamente el nombre ya hace evidente la actitud y pensamientos de ésta, y la segunda llamada Hyvä, de origen finlandés que revela la bondad.
Hoy es abril y llueve, las gotas salpican el cielo de días muertos en el centro de su almohada. El día es gris y Marlene se levanta felizmente porque el frío muerde sus pies pálidos destapados, y feliz por otra parte porque podrá ponerse ese chubasquero rojo que tanto le gusta. Ahora sus pasos se dirigen hacia el gélido mármol de baño, donde sus pupilas medio adormecidas aún, se encuentran con la idéntica copia de sus gestos reflejados en el espejo. Marlene asustada mira ahora su cuerpo. Aún en el cristal, bajo sus pechos encuentra sobresaltantes bolsas negras. Gritan sus ojos el pavor de palpar algo tan desconocido, que a prueba de su mera incredulidad, echa agua contra su rostro, el álgido contacto de esta hace que medio despierte. Siguen ahí, persistentes, Marlene recorre ahora con sus dedos los bordes de su piel, que a tientas busca una respuesta a aquello. Las hadas risueñas como cada día, se le acercan al ver su rostro espantado de pena. Ausum susurra –Ya decía yo que de comer tan poco a una no podían dejar de pasarle cosas raras, a lo que Hyvä se opone, y con un tono poético y tranquilizante musita –Son absurdas bombillas que iluminan orgullosas la sombra de un avión perdido en el centro de tu ombligo– Marlene hace una mueca de desagrado y preocupada continua con sus tareas rutinarias. Se va a dormir con la esperanza de que mañana su reflejar será distinto. Despierta el día y llueve otra vez, Marlene ciertamente trepidante salta de la cama y va hasta las mismas baldosas azules que ayer pisó, se desata el pijama con incertidumbre y parece hablar con si misma para tranquilizarse. Siguen ahí, y esta vez no va a dejar que el interrogante quede preguntando toda la noche. No. Se da un atracón de comer para que así Ausum pueda comprobar que el caso no es que sea demasiado sutil. Ahora Ausum parece cambiar de opinión –entonces debe ser que no de duchas muy bien – Vuelve a mirarse en el cristal y continúan allí, bolsas negras, sin relieve, está ahora su sonrisa en juego colgando de un séptimo piso. Si cae en picado nadie va a recogerle los pedazos. Se ducha, mil veces, con agua fría, congelada, caliente, tibia… nada. Ausum se ríe de Marlene, y Hyvä trata de convencerla de que no es grave, pero lo que más la inquieta es no saber que es, ni de dónde vienen.. Sí, que Hyvä es un gran punto de soporte para ella, es como la baranda de las escaleras, como la plata de sus pies y la suela de sus zapatos, sin ella andaría totalmente perdida, pero hoy no es un día para mirar más allá. La ahogaban tantas dudas y tantos desayunos con prejuicios.
Otro día que Marlene despierta con el interrogante viajando entre sus párpados. Por casualidad hoy entra en una tienda de ropa, y algo le gusta y decide probárselo, cuando ve ahora su cuerpo en el otro lado del cristal las bolsas no están. Se apresura precipitadamente hacia su portal, mordiendo el latido de sus pasos invertidos, llega, y cogiendo aire sube las escaleras, algo nuevo entenderá hoy, lo sabe. En el espejo de su baño están hoy también las bolsas negras, ahora se susurra a ella misma “¡Abre los ojos que estás ardiendo de mentiras!” ha aprendido que no son parte de ella.. sólo de las sombras de la poca luz que entra por la ventana, que se reflejan en su cuerpo creando la imaginación más tensa. Duerme que mañana será otro día, mejor. Marlene despierta deslizándose por su colchón. Pisa las mismas baldosas azules, su copia idéntica ya no tiene bolsas negras. Porque hoy hace Sol. Y por mucho que le guste el chubasquero rojo hoy irá a trabajar con la sonrisa en el octavo piso.
viernes, 24 de abril de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
Heim
Esto será una historia de un trabajo de clase, y como no encaja con mis textos lo publico aquí, tal vez continue con al vida de este personaje totalmente imaginario.. o.. lo deje al abandono. Tal vez.
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